La Guillotina

La Guillotina


Si bien el nombre del instrumento se debe al Dr. Joseph Ignace Guillotin, y pese a la consideración de muchos de que, por tanto, él fue su inventor. Si es verdad que la propuesta de su empleo para utilizarla en llevar a cabo las penas de muerte (como máquina de cortar cabezas) fue suya, aunque no así la invención del instrumento.

Joseph Ignace Guillotin, diputado en la Asamblea Nacional,  la recomendó para su uso en las ejecuciones en sustitución de los métodos tradicionales. Para asi evitar al condenado sufrimientos inútiles, Guillotin propuso a la Asamblea (octubre de 1789) la adopción de la máquina, pero no fue escuchado. Insistió y pidió al secretario de la Academia de Cirugía, el Doctor Antoine Louis, que diseñara una máquina basada en las ya existentes en otros países europeos. La fabricación fue encargada al fabricante de clavicordios alemán Tobias Schmidt, asesorado por su amigo el verdugo de París Charles-Henri Sanson. En abril de 1792, fue ensayada primero con ovejas y luego con cadáveres en el hospital de Bicêtre, en París. Antoine Louis modificó la cuchilla horizontal por otra con forma oblicua, de mayor efectividad en el corte.

La Asamblea Nacional adoptó el uso de la guillotina a fin de que la pena de muerte fuera igual para todos, sin distinción de rangos ni clase social. En efecto, hasta entonces sólo los miembros de la aristocracia tenían el privilegio de ser ajusticiados sin agonía: eran decapitados con una espada o un hacha. En un principio, Marat había apodado la máquina Louison o Louisette (diminutivo femenino del nombre Louis).

 

Porque un aparato similar ya se usaba en Italia desde el s. XV (mannaia, descrita en “El Viaje a Italia” de Labat, publicado en 1730), en Inglaterra (Halifax gibet) y en Escocia (maiden, que se empleaban para ejecutar a los aristócratas o clérigos condenados a muerte). Se empleaba así como un instrumento reservado para casos especiales, en los que por la condición del individuo condenado no se admitía la intervención directa del hacha del verdugo. De los siglos XII y XIII también se tienen indicios, incluso una máquina similar ejecutí a Titus Manlius, en la Antigua Roma.

Su inventor, por tanto, parece ser desconocido.

La guillotina tradicional consiste en un armazón de dos montantes verticales unidos en su parte superior por un travesaño denominado chapeau (sombrero), que sostiene en alto una cuchilla de acero con forma triangular con un lastre (mouton) de plomo de más de 60 kilogramos en su parte superior. En su parte inferior se dispone un cepo de dos medias lunas (fenêtre), de las cuales la superior es móvil. Justo detrás de la máquina hay una plancha de madera que actúa como báscula. Hasta el siglo XX, era común que la guillotina estuviera elevada sobre un cadalso y pintada de rojo. Una ejecución puede completarse en menos de un minuto.

En un principio el corte de la hoja era horizontal, pero debido a los fallos en las pruebas realizadas con cadáveres se inclinó el filo para que cortase eficazmente. El reo es acostado sobre la báscula posterior y empujado al trangallo o cepo, donde su cuello queda aprisionado; el verdugo acciona un resorte y la cuchilla cae, separando la cabeza del tronco a la altura de la cuarta vértebra cervical. La cabeza, ya separada, es recogida en un saco de cuero (y no en un cesto, como tantas veces se ha visto en películas).

Se cuenta que la inclinación de la hoja de la guillotina habría sido recomendada por el propio Luis XVI (que murió finalmente guillotinado en la Revolución francesa). Esta leyenda se debe a la relación que hace de los hechos el verdugo de París Charles-Henri Sanson (ejecutor de Luis XVI) en sus memorias apócrifas redactadas y publicadas por su nieto en 1889

Como curiosidad, la primera cabeza que rodó inaugurando el instrumento del terror en Francia fue la de Nicolás Jacques Pelletier, convicto de complicidad con un desconocido de haber atacado a media noche en la calle de Bourbon-Villeneuve a un peatón para robarle la cartera que llevaba con 800 libras, golpeándole con un bastón.

El primer gillotinado político fue Luis David Collenot d’Angremont, condenado por su participación en los crímenes del 10 de agosto. Fue decapitado el 21 de agosto de 1792, llevándose en esta ocasión la guillotina a la plaza del Carrousel, escenario del crimen y por ello también el de la expiación. Dos días después, la Commune de París decreta que la guillotina permanezca allí hasta nueva orden y se sigan realizando las siguientes ejecuciones. La última ejecucucion fue la migrante Tunesina Hamida Djandoubi, en 1977. Finalmente este método fue abolido en 1981.

 

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