La procesión.

La procesión.

(Adaptación radiofónica de la leyenda popular de Atlixco, por el programa Relatos del lado oscuro de la Hr-1090am)

 

-          Ya llegue, les ayudo a preparar la comida. ¿Dónde está mi mama, abuelita?

-          Fue Aquí a la tienda por un poco de harina. –Pero mira te,  nada más tienes una ojeras impresionantes hija.

-          Es que anoche me desvele, esperando a Julián. Llego bien tarde, se me hace que se fue con sus amigotes saliendo del trabajo.

-          Pues no deberías esperar a tu marido, despierta hija. –Un día se te va aparecer la procesión.

-          ¿Cuál procesión?

-          Huuu, la que se le apareció a Lupita, mi vecina. –De cuando yo vivía haya cerca del panteón. ¿Te acuerdas? –No como te vas acordar si toda vía ni nacías.

-          ¿Pero, pero que le paso a Lupita?

-          Pues su esposo trabajaba en la fábrica de la “Concha”, en el segundo turno. Y una noche de sábado, que era el día que pagaban, Lupita salió a esperarlo con un brasero encendido a la puerta de su casa.

-          Si nos han contado, que decían que por el panteón el día de pago. Se les aparecía a los trabajadores el nahual, para golpearlos y quitarles su dinero.

-          Uhmm, pues sí. Por eso salió Lupita a esperarlo. –Pero su esposo tardo más que de costumbre, pues se quedó en la cantina con sus amigos platicando y tomando. –Las horas pasaron y Lupita, seguía afuera esperándolo. –Como a la una de la mañana, vio a lo lejos una procesión con mucha, mucha gente. Que llevaba Flores y velas y se iban acercando.

               - ¡Buenas noches señora!

               - ¡Buenas noches!

               - Quisiera pedirle un favor.

               - Si, dígame.

               - uhm, Quisiera que me guardara mi vela. –Y mañana más o menos como a esta             hora pasó por ella.

               - Si claro, démela señor.

-          Lupita dejo la vela sobre una silla. Al poco rato llego su esposo y se fueron a dormir.

-          Pero al día siguiente, cuando Lupita miro a la silla, donde había dejado la vela, descubrió algo Horrible.

               - Ramiro, Ramiro despierta. ¡Mira lo que le paso a la vela!

               - Pero, pero es un hueso. Un hueso humano. –¿Que hiciste Lupita?, ¿con quién             hablaste anoche?

               - Hay, Ramiro era un hombre. Parecía una persona normal.

               - Esto es obra del diablo. -Anda vístete, vámonos a la iglesia.

-          Y que fue lo que hicieron abuelita.

-          Como el esposo de Lupita, era muy católico. Consultaron a un sacerdote para que les diera su consejo.

               - Y cuando despertamos, la vela se había convertido en un hueso padre.

               - Pues el hombre que prometió regresar, no solo volverá por su vela. Si no por sus       almas.

               - Entonces que podemos hacer, padre. –¡Tenemos mucho miedo!

               - Cuando ese ser regrese, hoy a media noche, debe encontrarte  con un bebe en           brazos, Lupita.

               - Y eso para que padre.

               - Los niños, representan la inocencia y son como angelitos. -Así la procesión no           podrá llevarse sus Almas.

               - Pero nosotros no tenemos hijos padre.

               - Uhmm, Pues dile a Dolores, ella tiene un niño pequeño. –Pídele prestado a su            bebe.

               - Además tenemos que rezar. –Y tengan les daré mi escapulario.

               - Ahh, padre. Yo creo que… que usted debería estar presente cuando ese hombre        se regrese. –Qué tal, si se pone.

               - Esta bien Ramiro. Los acompañare, les prometo que hay estaré con ustedes.

 

-          Ehh.. Y que sucedió entonces, Abuelita.

-          Ramiro y Lupita siguieron al pie de la letra las recomendaciones del sacerdote. –Dolores les presto a su bebe, y esperaron. Cerca de la una de la madrugada, Lupita vio a lo lejos la procesión. –La mujer se puso a rezar temblando de miedo. De pronto el hombre que le había encargado la vela, se separó del grupo y se acercó a ella.

 

               - ¡Buenas noches!

               - Eh, pero… pero.

-          Cuando el hombre vio que Lupita tenía un bebe en brazos, y que estaba acompañada por el sacerdote. Se molestó.

               - Uhm, ¡Da Gracias a Dios!, que tienes a un ángel que te cuide y que junto a ti esta        uno igual que yo. –De otra manera, te llevaría con migo.

               - Pero… Pero aquí tiene su vela, señor.

-          Entonces Lupita tomo la vela con un pañuelo y se la entrego. –El hombre la recibió y se unió a la procesión. –Pero antes le dijo;

               - Recuerda que la noche, se hiso para dormir y para que las almas penen.

-          Y al llegar a la esquina la precesión desapareció.

-          Entonces era una procesión fantasma.

-          Era una procesión de almas en pena, hija. Que buscan llevarse a otras almas para que les hagan compañía. –Y las personas que no tienen cuidado se unen a ella, por eso están grande.

-          ¿Bueno, y que es lo que paso con Lupita?

-          Pues Lupita se enfermó del susto, y cuando se recuperó nos contó a todas las vecinas lo que había pasado. –Y nos aconsejó que no esperáramos a nuestros maridos despiertas.

-          Ay abuelita, y tú te crees todo lo que te cuentan.

-          No, no solo lo que me cuentan, Si no lo que yo misma veo. –Una noche estaba esperando a tu abuelo, mirando por la ventana cuando de pronto vi que la procesión se acercaba con sus cantos y sus rezos.

-          ¿Y que fue lo que hiciste?

-          Obviamente me asuste muchísimo. Me acorde de lo que le paso a Lupita. –Así que inmediatamente cerré las cortinas y me acosté en la cama donde dormían tu mama y tu tía. –Entonces eran apenas unas niñas. –Por eso no deberías esperar a Julián despierta, Que lo que menos te puede pasar es que te salgan las ojerotas que traes.

-          ¡Hay abuelita!

 

Yo creía que la historia que me conto mi abuela era solo una leyenda, inventada por algún macho mexicano. Para que las esposas se acuesten temprano, mientras sus maridos se van gastar la quincena con sus amigotes, en algún bar.

Pero una noche que esperaba a Julián, escuche los cantos lejanos de una procesión que se aproximaba. Y sin pensarlo me metí a la cama, me tape con las sabanas hasta la cabeza  y cerré los ojos, muy, muy fuerte. Ahora no espero nunca despierta a Julián. Pero eso no quiere decir que al día siguiente de su parranda, no le sirva de desayuno todas las facturas que quedan por pagar.

 

 Link al programa donde se narra esta leyenda