El Pez Duende - Relatos del Lado Obscuro

El Pez Duende

El Pez Duende
(The Hudlrefish-1893 │ Extraido de Weird Tales From Northern Seas escrito por Jonas Lie)

Era una muy extraña trucha la que Nona había atrapado en su anzuelo. Grande y gorda, con motas rojas y brillante, se repantigaba y retorcía, con su oscuro abdómen amarillo por encima del agua. Y cuando él la pudo subir al bote, y la sacó del anzuelo, vio que en vez de ojos tenía solo dos pequeñas comisuras.

Debe ser un Pez Duende, opinó uno de los pescadores, ya que había un rumor de que este lago era uno de aquellos que poseían doble fondo.

Pero Nona no se hizo mucho problema sobre que tipo de pez sería, sino que vio el tamaño. Solo pensó en su propia hambre, y decidió que lo mejor sería llegar lo más rápidamente a tierra firme para cocinar de una vez a este pez.

Había estado toda la tarde sentado esperando pique en el lago de la montaña; pero por esa trucha había sido estado toda una hora desde dirigiendo su bote con el timón de popa a través de las aguas, y permitiéndose ilusionarse solo por el pescado cocinado sobre el plato.

Pero ahora Nona prestó atención a esos extraños ojos, y sintiéndolo por ellos, pinchó su cabeza con un tridente. No había más que esas dos grietas por fuera, y dentro había una especie de globos oculares. La cabeza tenía una forma muy extraña, y era muy peculiar.

Le fastidió un poco no examinarlo más de cerca antes de cocinarla; no era fácil figurarse que tipo de animal era. Debería tener un gusto de primera calidad, y eso era suficiente.

Pero era de noche, y mientras el brillo del agua poblaba su vista, él estaba medio dormido, pensando en el extraño pez que había pescado.

Estaba de nuevo en su bote, y le pareció como si sus manos sintieran el pez contorsionándose y agitándose por su vida, y saltando para adelante y para atrás, para zafar del anzuelo. De repente se puso tan pesado y fuerte como si a través de la línea, el bote entero estuviese siendo arrastrado.

Salió con gran rapidez, mientras el lago gradualmente iba disminuyendo y se iba secando.

Había un irresistible remolino en el agua, en la dirección desde la que había venido el pez, que provenía desde un hueco al final del lago, como un embudo, que era hacia donde la embarcación se dirigía.

Durante un largo tiempo el bote estuvo deslizándose por un oscuro río subterráneo, que salpicaba violentamente por encima de él. El aire al principio era frío, como de un calabozo, pero gradualmente se fue haciendo más apacible, hasta hacerse cálido.

La corriente lo desembocó al final en un lago calmo y quieto.

Más allá de las orillas de este lago, visible a medias por la oscuridad reinante, se expandían pantanos y marismas, donde se escuchaban ruidos como de pisadas de enormes bestias. Había serpientes que ascendían y se retorcían ruidosamente, chapaleando y bufando entre el fango y el cieno.

Vio destellos fosforescentes que se acercaban a su bote, que provenían de muchos peces, aunque todos ellos carecían de ojos.

Y vislumbró la forma de una gigantesca serpiente marina que iba dilatándose hacia la oscuridad.

La serpiente tenía cabeza chata y pico de pato, y de vez en cuando se la veía avanzar rápidamente por entre los senderos legamosos del fango en el pantano.

A pesar del calor y la sofocante oscuridad, venían ráfagas de aire frío proveniente de los movimientos de esta serpiente* , que se abría paso a través de la tierra para devorar los ataudes podridos de los cementerios.

Horribles monstruos informes, con crines, se retorcían y revolcaban, atrapando a sus presas en las ciénagas.

Y él pudo avizorar unas especies de criaturas con forma humanoide, como las que los pescadores y los marinos ven cuando están en alta mar y las personas de tierra firme ven tras los montículos.

Y, además, había una clase de zumbido suave y un interminable revoloteo y hormgueo de seres, cuyas formas a pesar de todo eran invisibles al ojo humano.

Luego, el bote se deslizó por aguas fangosas, donde siguió su curso descendiente, y donde el embudo del remolino se oscurecía como si se hundiera más profundamente.

De pronto una cegadora luz blanca, como proveniente de una abertura muy por encima de él, lo hirió.

 

Un vapor viciado lo rodeó. El agua se puso amarilla y turbia, como si proviniese de una caldera de vapor.

Y él recordó la particular e inbebible agua que brotaba de los pozos artesianos. Era bastante caliente. Deberían de abrirse paso a un mundo de ríos cálidos y estratos líquidos bajo la crosta terrestre.

Luego hizo un calor como el que trepa desde los hornos, que subió desde formidables abismos, mientras que poderosas corrientes y saltos de agua estremecían la tierra.

Repentinamente sintió como si su cuerpo se fuese a partir en pedazos, quebrándose en mil pedazos y flotando en el aire. Tuvo un sentimiento de infinita levedad, de una maravillosa capacidad de flotar en la atmósfera y de recobrar la estabilidad.

Y, luego de sentir esto, se encontró a sí mismo de nuevo en tierra firme.

 

Linck al audio donde se narra este cuento