El albañil de Valtellina - Relatos del Lado Obscuro

El albañil de Valtellina

El albañil de Valtellina

(Gianni Rodari)

Un joven de Valtellina, al no encontrar trabajo en su patria, emigró a Alemania, y encontró un puesto de albañil precisamente en Berlín. Mario -así se llamaba el joven- se puso muy contento: trabajaba duro, comía poco, y lo que ganaba lo ahorraba para poderse casar.

Pero un día, mientras estaba haciendo los cimientos de un nuevo edificio, se hundió uno de los andamios y Mario cayó entre el cemento armado y murió sin que fuera posible rescatar su cuerpo.

Mario estaba muerto y no notaba ningún dolor. Había quedado encerrado entre uno de los pilares de la casa en construcción. Estaba un poco estrecho, pero, aparte de esto, pensaba y oía igual que antes. Cuando se hubo acostumbrado a su nueva situación logró incluso abrir los ojos y ver la casa que crecía a su alrededor. Era exactamente como si él sostuviera el peso del nuevo edificio, y esto le compensaba de la tirsteza de no poder mandar noticias suyas ni a su casa ni a su pobre novia.

Escondido en la pared, en el corazón de la pared, nadie podía verle o sospechar que estuviera ahí, pero esto a Mario no le importaba.

La casa creció hasta el techo, las puertas y las ventanas fueron colocadas en su lugar, los pisos fueron vendidos y comprados, y llenados de muebles, y por último vinieron numerosas familias a vivir en ellos. Mario las conoció a todas, desde los mayores hasta los pequeños. Cuando los niños gateaban por el suelo, aprendiendo sus primeros pasos, le hacían cosquillas en la mano. Cuando las muchachas salían al balcón o se asomaban por la ventana para ver pasar a sus enamorados, Marío notaba en sus propias mejillas el suave arrullo de sus rubios cabellos. Al atardecer oía las conversaciones de las familias reunidas en torno a la mesa; por la noche oía toser a los enfermos, y antes del amanecer, el trino del despertador de un panadero, que era el primero en levantarse. La vida de la casa era la vida de Mario; las alegrías de la casa, piso por piso, y sus dolores, habitación por habitación, eran sus alegrías y sus dolores.

Y he aquí que un día estalló la guerra. Comenzaron los bombardeos sobre toda la ciudad y Mario notó que también a él le llegaba el final.

Una bomba cayó sobre la casa y ésta se derrumbó. Sólo quedó un montón de escombros, de muebles destrozados, de trastos aplastados, bajo los cuales dormían para siempre mujeres y niños que habían sido sorprendidos en su sueño.

Sólo entonces murió de verdad Mario, porque había muerto la casa que naciera de su sacrificio.

Link al Audio donde se escucha este cuento.